
La Comisión Europea ha confirmado que, pese a los avances en las negociaciones con el Mercosur, aún no está preparada para cerrar el acuerdo de asociación que ambos bloques han estado negociando desde 1999. Aunque el bloque americano ha manifestado estar listo para firmar, la UE sigue trabajando en los detalles técnicos del acuerdo.
El portavoz de Comercio de la Comisión, Olof Gill, explicó que «la atención sigue centrada en resolver las cuestiones pendientes», especialmente en lo relacionado con los objetivos de sostenibilidad y las sensibilidades del sector agrícola europeo. Además, afirmó que, aunque las discusiones técnicas avanzan, no se espera que el acuerdo se cierre durante la cumbre del G20 en noviembre, en Río de Janeiro.
El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, aseguró en agosto que el Mercosur —integrado por Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay— está listo para firmar el acuerdo, pero que ahora es la UE la que debe resolver sus diferencias internas. Lula hizo referencia a las preocupaciones del presidente francés, Emmanuel Macron, quien ha calificado el acuerdo de «obsoleto» por no abordar adecuadamente temas ambientales y climáticos.
Uno de los principales puntos de fricción es el riesgo de deforestación del Amazonas asociado a la explotación agrícola, lo que llevó a los europeos a exigir más garantías medioambientales. Estas preocupaciones han llevado a la negociación de un anexo adicional al acuerdo, cuyo contenido aún está siendo discutido.
Preocupación en el sector agrícola europeo
La posible firma del acuerdo ha generado preocupación en varias asociaciones europeas de agricultores. Hace pocos días, cuatro grandes organizaciones agrarias —Copa-Cogeca, la Asociación Europea de Fabricantes de Azúcar, la Confederación Internacional de Productores de Remolacha y la Asociación de Procesadores de Aves de Corral— protestaron contra las negociaciones.
Estas asociaciones acusan a la Comisión Europea de no considerar adecuadamente el impacto del acuerdo en sectores agrícolas sensibles. Señalan que el pacto no tiene en cuenta los efectos de la pandemia, la guerra en Ucrania y el Pacto Verde Europeo sobre el sector agroalimentario, lo que podría perjudicar a los agricultores europeos en un momento de gran incertidumbre.
