Acuerdo en Europa para endurecer la ley de aguas residuales que España sigue incumpliendo

La Eurocámara y el Consejo de la UE han alcanzado un acuerdo para actualizar la normativa sobre recogida, tratamiento y vertido de aguas residuales urbanas. Por incumplir esta ley de forma reiterada España ha recibido la multa más alta de su historia. El acuerdo, que todavía debe ser ratificado, establece entre otras cosas, la obligación de tratar las aguas residuales a todas las poblaciones que superen los 1.000 habitantes a partir de 2035. Hasta ahora esta obligación está establecida para poblaciones de más de 2.000 habitantes.

El incumplimiento reiterado de la actual directiva ha provocado no sólo que España haya sido multada con 11 millones de euros por cada semestre de incumplimiento, una sanción que llevamos pagando desde 2018, sino una denuncia ante el Tribunal de Justicia de la Uni`´on Europea (TJUE) por el incumplimiento reiterado y generalizado generalizado de la legislación de aguas residuales.

Según Bruselas, en el caso de 29 aglomeraciones, España sigue teniendo que garantizar que disponen de sistemas colectores de aguas residuales y que, cuando esté justificado el uso de sistemas individuales u otros sistemas adecuados, se alcance el mismo nivel de protección medioambiental que con un sistema colector. Además, en otras 225 aglomeraciones, España sigue sin ofrecer el grado de tratamiento exigido a toda la carga contaminante de las aglomeraciones o no ofrece los resultados de tratamiento necesarios en lo que respecta a los vertidos después del tratamiento.

Según ha explicado el comisario de Medio Ambiente, Océanos y Pesca, Virginijus Sinkevičius, «La UE ha acordado dar pasos proactivos para tener unas aguas residuales urbanas más limpias y proteger así a sus ciudadanos de vertidos dañinos, incluidos residuos farmacéuticos y cosméticos que acaban en nuestras aguas. Esto va a hacer que nuestra agua sea más limpia y protegerá nuestra salud». El acuerdo permitirá renovar la directiva de 1991, lo que, según la Comisión Europea, también favorecerá «ríos, lagos, aguas subterráneas y mares más limpios en toda Europa».

Los negociadores acordaron que la obligación de aplicar un tratamiento secundario (la eliminación de materia biodegradable orgánica) a las aguas residuales urbanas antes de su vertido al medio ambiente se imponga a todas las aglomeraciones de 1.000 habitantes o más para 2035, según ha destacado la Eurocámara. Cuatro años más tarde, los Veintisiete deberán además garantizar un tratamiento terciario (eliminación de nitrógeno y fósforo) en todas las plantas que cubran poblaciones de 150.000 habitantes o más y, para 2045, las de 10.000 habitantes, fecha para la cual además estas aglomeraciones deberán aplicar un tratamiento cuaternario de manera obligatoria para eliminar un amplio espectro de micro-contaminantes.

Entre otros, la directiva ampliada aplicará también en este sector por primera vez el principio de quien contamina paga, para asegurarse de que el coste de la protección adicional acordada esté cubierta parcialmente por la industria responsable y no por los contribuyentes. Concretamente, las industrias más contaminantes, la farmacéutica y la de cosméticos, deberán pagar al menos el 80% del coste de la limpieza de micro-contaminantes, el denominado tratamiento cuaternario.

Además, señala la Comisión, hará que el sector de aguas residuales avance hacia la neutralidad energética y climática y mejorará la gestión de aguas pluviales, una cuestión que será cada vez más importante en vista del incremento de las lluvias debido al cambio climático.

De igual modo, celebra Bruselas, el nuevo texto legal garantizará el acceso a instalaciones sanitarias en espacios públicos para dos millones de las personas «más vulnerables y marginadas» de la UE. «El agua limpia y acceso sanitario es un derecho, no un lujo», ha subrayado al respecto Sinkevicius. Con la nueva ley se fortalecerá asimismo el seguimiento de distintos parámetros de salud pública, como el SARS-CoV-2 y sus variantes, así como los contaminantes por microplásticos y por químicos como las sustancias polifluoraluiladas o PFAS, los denominados «químicos eternos».

 

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